Este es mi banano, y acá sus deliciosas bananas, en el momento justo de comerlas. Él crece, crece sin que uno quiera y aunque uno quiera, lo cortás y sale de nuevo. Podría decir, que es el árbol más perceverante que conozco, nunca quise deshacerme de él, lo quiero mucho, pero él si quiso tomar mi jardín, y lo sigue intentando.
Sólo puedo decir que sus bananas son dulces, con un sabor intenso, que los budines salen riquisimos pero no leudan tanto como con las otras bananas, igual los elijo.
Sólo hay que cuidarse cuando se las corta de no tener ropa con sentimientos, las ramas y troncos de este árbol son de agua, y cada gota que cae es para siempre.
Acá está él y ella, en flor:
A la derecha las más nuevas de todas, recién nacidas.